César Pola Paisaje

Núm. de inventario
196112
Cronología
c. 1945
Técnica
óleo
Soporte
tabla
Medidas
40x49 cm

César González Pola nació en Oviedo en 1921 y murió en la misma ciudad en 1989. Fue un autor sumamente prolífico que llegó a ser considerado artista de éxito. Representante destacado de la "Escuela Paisajista Ovetense", siguió en cierto modo la estela de Francisco Casariego, con quien además le unía una amistad personal.

Se distinguió especialmente en el campo del retrato y en el paisaje, y su pintura podría clasificarse como de corte tradicional. Son paisajes ejecutados dentro de los cánones de la pintura figurativa, pero Pola introduce en ellos un sentimiento personal, toma la imagen de la realidad asturiana y la transforma al pasar por su retina, la interioriza y luego la plasma en el soporte sin distorsionar la verdadera naturaleza de la montaña, del prado, del valle. Básicamente, el autor simplifica en la ejecución las complejas formas de la naturaleza y las plasma en su esencia, sin el detallismo de otros pintores que acuden al objeto microscópico diseccionando cada elemento de la composición. Su paisaje es fruto de su comunicación con la naturaleza, no surge de postales de estudio, sino de la admiración directa del propio elemento que pinta, convertido así en un objeto de arte. Él mismo decía de sus paisajes que no retrataban con fidelidad, sino que lo que ofrecían era su visión personal, incluida la emoción.

Esta comunicación con la naturaleza se retrotrae a su infancia. En 1931 la familia se traslada al palacio de Hevia, en Siero, donde Pola se encuentra con una extensa finca en la que aprende a conocer y valorar la naturaleza.

En 1936 salen de España hacia Colombia, donde su padre se hace cargo de una delegación de farmacias. Con quince años acude a la Exposición Nacional de Pereira donde obtiene una medalla de bronce y un diploma. Tras volver a España, en la década de los cuarenta participa en los certámenes convocados por Educación y Descanso, organismo cultural de la Falange, donde obtiene varios primeros premios. Con veintidós años contrae matrimonio y llega a tener once hijos, lo que le obliga a buscarse otro medio de sustento; comienza entonces a trabajar como delineante, para poco más tarde hacerlo para la Dirección General de Regiones Devastadas.

En 1946 realiza su primera exposición individual en Oviedo y en 1951 lo hace por primera vez en

Madrid. Posteriormente llegarán exposiciones de nuevo en Oviedo y en Avilés, Gijón, Bilbao y La Coruña. En 1973 pone en marcha una escuela de pintura. El trato con los alumnos le satisface muchísimo desde el punto de vista personal, y da paso a una etapa en la que el artista se siente más realizado. En 1975 expone en Santander sus tradicionales paisajes asturianos, aunque sus obras ya muestran nuevas miradas sobre Castilla y Cantabria. Dos años más tarde expone en la Obra Social y Cultural de la Caja de Ahorros de Asturias su serie "Árboles y hojas", que obtiene un gran éxito de crítica y público. Esta muestra viajará también al Ateneo de Madrid. Falleció cuando aún tenía importantes proyectos abiertos.

Esta obra de pequeño formato ingresó seguramente con motivo de una de las exposiciones llevadas a cabo por este artista en la Universidad, la primera en 1948 y la segunda en 1953. Se trata de un paisaje rural en táblex, construido a través de la aplicación del color, que consigue dar volumen a los distintos elementos. Era bastante habitual en él utilizar este soporte en pequeño formato, que le permitía transportarlo con facilidad para poder pintar al aire libre e incluso comenzar y finalizar la obra en una misma salida. Fiel a su trayectoria, la gama cromática se mueve en una paleta limitada de verdes para los prados, azules grisáceos para el celaje y ligeros toques en rojo y blanco que delimitan tejados y paredes. Pola no nos muestra en este paisaje de aldea nada excepcional, pero nos permite reconocer un poblado típico de un entorno sobradamente conocido como es Asturias, motivo recurrente de su temática pictórica.

La profundidad también nos remite al color, a los entramados horizontales que construye con una vegetación baja y más seca en primer término y más frondosa y verde a medida que nos alejamos hacia un fondo delimitado por un horizonte sinuoso, propio de la geografía en la que el creador se movía. Los componentes de la naturaleza fluyen aparentemente caóticos, pero todos ellos van creando planos con las manchas esparcidas por la tabla a través de los colores. Pola amaba la naturaleza y sus paisajes así lo acreditan. Unos transmiten soledad, otros tranquilidad; unos sosiegan y otros despiertan en nosotros sensaciones cercanas a la incertidumbre, que era al fin y al cabo lo que el autor pretendía, traspasar la retina para llegar más allá.

Texto y catalogación: Ana Quijada Espina

Referencias bibliográficas
  • FEÁS COSTILLA, L. (1994) César G. Pola. Oviedo: Ayuntamiento de Oviedo.
  • GARCÍA QUIRÓS, R. M.ª (1990) César G. Pola, 1921-1989: exposición antológica. Oviedo: Caja de Ahorros de Asturias.
  • GARCÍA QUIRÓS, R. M.ª (1991) "Los paisajes asturianos de César González Pola" en Liño. Revista Anual de Historia del Arte, nº 10.
Fuentes documentales
  • Archivo Histórico de la Universidad de Oviedo. Legajo A
Ubicación en el planoUbicación de la obra en las instalaciones de la Universidad

 

  • Universidad de Oviedo
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