Ilegible [inscripción zona inferior derecha] Retrato de dama

Núm. de inventario
196032
Cronología
s.f.
Técnica
óleo
Soporte
lienzo
Medidas
51x40 cm [oval]

Actualmente en proceso de investigación

Esta pieza llegó a la Universidad de Oviedo a través de la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional en el año 1941, junto con otras de diversa naturaleza y calidad.

Tras la destrucción del edificio universitario en el incendio acaecido durante la Revolución de Octubre de 1934, que provocó también la pérdida de todo su patrimonio, los órganos universitarios pusieron en marcha los mecanismos necesarios para proceder a la reconstrucción del inmueble. Esta fue llevada a cabo con gran celeridad, ya que el primer proyecto data de noviembre de 1934, tan solo un mes después del desastre. La reconstrucción tuvo que lidiar igualmente con el estallido de la Guerra Civil en 1936, que volvió a ocasionar daños en el edificio, por lo que el proceso no se dio por finalizado oficialmente hasta el año 1942. Pero, además de emprender la reconstrucción arquitectónica, se habilitaron también fórmulas para amueblar y decorar dignamente las nuevas estancias universitarias. A este propósito, se realizaron peticiones a determinados organismos oficiales para que cedieran a la Universidad, en calidad de depósito, obras que pudiesen colgarse en sus muros, que hasta la destrucción estaban repletos de piezas pictóricas heterogéneas. En 1941, el entonces rector de la Universidad de Oviedo firmó un recibo en el que se incluían una serie de obras y objetos con destino a la institución, entre ellos este retrato femenino.

La tradición de acoger retratos no era ajena a la Universidad de Oviedo, que albergó en sus muros una de las mejores colecciones retratísticas en la conocida como Iconoteca Asturiano-Universitaria, proyecto surgido en la segunda mitad del siglo XIX con carácter provincial, a iniciativa del rector León Salmeán. Este tipo de colecciones se iniciaron a fines del siglo XVIII y estaban vinculadas a instituciones civiles como las Reales Sociedades de Amigos del País, las Diputaciones y las Universidades.

Esta obra es un retrato de busto que refleja a una mujer de mediana edad y que sigue las directrices propias de los retratos de gabinete del siglo XIX, centuria sumamente productiva en el campo retratístico debido a la ampliación del espectro social que podía acceder a la representación de su efigie, hasta entonces ceñida a la monarquía y a la nobleza. Igualmente, durante el ochocientos el retrato fue la forma de expresar la fuerza de lo individual, subrayando no solo el aspecto físico, sino trasladando también al lienzo actitudes y rasgos psicológicos.

El retrato de gabinete, de pequeñas dimensiones, responde a un interés íntimo. No se trata del retrato de ostentación propio de los salones principales de la casa, sino que estaba destinado a las estancias más privadas. Su pequeño formato lo hacía manejable y económicamente más asequible. También resultaba más cercano, menos "propagandístico" y más humano.

La forma de plasmar al retratado dependía más de éste que del pintor. El gusto por los decorados más o menos recargados, por la aparición de joyas y tejidos caros, e incluso la aparatosidad o sencillez de la pose eran normalmente elección del cliente y, por lo tanto, su presencia o ausencia nos comunica también algo acerca de aquel.

En esta pieza se puede apreciar el tono reposado de la representación. El conjunto se manifiesta con una armonía entre la actitud serena, la reproducción fidedigna del rostro y el fondo que completa el lienzo, que adquiere un carácter secundario al actuar como un elemento neutro sobre el que se recorta en su potencia la expresividad de la cara femenina.

La iluminación actúa como se espera en este tipo de piezas: destaca el rostro, su superficie y su contorno y se va amortiguando a medida que nos alejamos de él. Percibimos cómo esa luz incide en los rasgos y destaca su carnación, a la vez que resalta el contraste con el pelo, de color oscuro, y el ropaje negro.

La austeridad se manifiesta tanto en la plasmación de la mujer, serena e íntima, como en la sencillez de la indumentaria, sin más color que el blanco de transición entre una zona y otra del retrato y que ya atrapa parte de la luz con la que se incide plenamente en la exposición de la faz.

A pesar de esta austeridad, es necesario subrayar determinados toques que se convierten en elementos identificativos del poder económico, como la inclusión de los pendientes de oro y del broche, con cadena de oro, perlas y coral, especialmente llamativo por recortarse estratégicamente sobre el vestido negro. Todo ello concede un toque de distinción sin resultar demasiado llamativo, pues no se trata de ostentar, sino de subrayar determinada posición social.

En cualquier caso, todos estos elementos están al servicio del retrato en sí mismo, configurados para destacar la mirada fija y transparente que la mujer proyecta sobre nosotros, de una naturalidad que se ve acentuada por las cejas irregulares que enmarcan los ojos de calidad cristalina con su color averdosado. La boca serena y remarcada se ve también flanqueada por las dos leves arrugas de expresión que conceden veracidad y realismo. El autor no ha pretendido únicamente reflejar un rostro, sino también la sutileza de su expresión y la fuerza de su mirada, en la que se concentra una parte determinante de la comunicación.

Texto y catalogación: Ana Quijada Espina.

Referencias bibliográficas
  • BARÓN, J. (2007) El retrato español en el Prado: de Goya a Sorolla. Madrid: Museo Nacional del Prado.
  • DÍEZ, J. L. (2004) "El retrato español del siglo XIX" en El retrato. Barcelona: Círculo de Lectores.
  • PORTÚS, J. (2004) El retrato español: del Greco a Picasso. Madrid: Museo Nacional del Prado.
Ubicación en el planoUbicación de la obra en las instalaciones de la Universidad

 

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