Paulino Vicente "El Mozo" Domingo

Núm. de inventario
196118
Cronología
c. 1948
Técnica
acuarela, cera
Soporte
papel
Medidas
23x19 cm

Paulino Vicente Rodríguez Serrano, conocido como El Mozo, nació en Oviedo el 20 de septiembre de 1924. Hijo primogénito del también pintor Paulino Vicente, en él la impronta de su padre fue decisiva y sus obras fluyeron al principio como continuación de las paternas, asimilando unas técnicas pictóricas que constituyeron el andamiaje sólido sobre el que se expandió su propio mundo creativo.

Sus primeros contactos con el mundo de la creación artística se produjeron, pues, ya en su niñez. Más adelante, inició sus estudios oficiales de pintura en la Escuela de Artes y Oficios, en la que su padre era profesor, pero su formación culminará en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. En la capital, el Museo del Prado abre sus lienzos a la retina hambrienta de Paulino Vicente, que queda prendada de la obra de José Ribera al tiempo que la calle le ofrece su ajetreo y sus tertulias. En Madrid, adonde se había trasladado su padre para realizar estudios artísticos, había vivido ya sus primeros años, hasta que, en 1928, la familia regresa a Asturias.

Con la ruptura del cerco de Oviedo y la evacuación de la población civil se trasladaron a Cangas del Narcea, población en la que su padre desarrolló una intensa tarea relacionada con la producción artesanal y la revalorización de los oficios y creaciones populares que tanto desarrollo adquirieron entonces, facilitando al hijo el conocimiento de este mundo, del que habría de servirse más adelante para sus propias creaciones.

Con quince años le diagnosticaron tuberculosis y se inició para él una etapa de rebeldía provocada por este y otros motivos familiares y personales. Intentó alistarse en el Tercio, pero la mediación de su padre lo impidió. Ingresó en la Escuela de Artes y Oficios, aunque parece que asistió poco a las aulas, por lo que El Mozo continuó su aprendizaje en su familia y en la vida misma.

La vinculación artística de Paulino Vicente padre con la Universidad de Oviedo, a la que asesoraba sobre temas artísticos y decorativos, hizo que su hijo se animara a presentarse al concurso de carteles convocado por la institución para los Cursos de Verano de 1941 con una composición titulada Ciencia y trabajo. Pero su camino giró hacia Madrid cuando fue pensionado por la Diputación Provincial y pudo iniciar sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, aunque debido a su enfermedad no pudo cursarlos con normalidad.

Su tranquila vida cotidiana se vio truncada a partir de la operación que sufrió en 1944. Pasó largas temporadas en La Pola de Gordón como receta natural contra su tuberculosis. En este pueblo leonés de montaña, Rafael Quirós Isla había creado un preventorio antituberculoso infantil en el que curar a los niños procedentes de Asturias en los que se cebaba la enfermedad.

En junio de 1949 celebró su primera exposición individual precisamente en la Universidad de Oviedo, institución para la que había realizado ya un retrato de Clarín que ilustró la cubierta del libro sobre este escritor publicado en 1946. Esta muestra tuvo excelentes críticas en los medios escritos, en las que se resaltaban, entre otros aspectos, el uso de una técnica arriesgada en el tratamiento del dibujo, su cromatismo equilibrado, el estudio psicológico y, en general, la revelación de su talento pictórico.

En 1953 presentó en otra exposición los nuevos horizontes que su pintura había alcanzado a través del óleo, técnica hasta entonces prohibida para él a causa de su enfermedad. Esta muestra reafirmó la figura de Paulino Vicente El Mozo, de quien Jesús Villa Pastur elogió la "sencillez y humanidad" y Fernández Buelta su "buena estirpe artística".

Un año más tarde participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes, en la que presentó el Retrato de Pío Baroja, demostrando sus aptitudes para este género.

Con el agravamiento de su enfermedad regresó definitivamente a Asturias, donde retomó los trabajos murales y de vidrieras en estrecha colaboración con el arquitecto Juan Vallaure, estableciendo una conexión con los vitrales que en 1952 había realizado para la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y que abrieron un nuevo camino en la producción artística de este joven creador.
Falleció el 7 de mayo de 1956 en Oviedo.

Esta pequeña obra, Domingo, constituye una muestra más de lo heterogéneo de la producción pictórica de Paulino Vicente, un creador que experimentó con embates innovadores pero que, a la vez, se mantuvo ligado a los temas y las representaciones tradicionales asturianas. El paisaje, como elemento identitario, acoge aquí además la figura humana que lo llena, más que por su presencia, que no resulta en este caso imponente, por su actividad y sus actitudes, que nos trasladan a un momento de asueto, de descanso, de tranquilidad. La identificación de los personajes, a los que observamos desde una perspectiva elevada, no se produce a través de los rostros, que resultan imperceptibles, sino de las figuras, sus poses y sus actividades. Reconocemos a los niños y percibimos incluso en la lejanía cómo uno de ellos toca un instrumento de viento; a las mujeres maduras ataviadas con la toquilla y el pañuelo negros; al hombre despreocupado que charla, cuya edad se deja traslucir en su atuendo y en su pose; a la pareja que mira atenta el baile de otros cuatro jóvenes, pero que se mantiene a distancia en una burbuja más íntima, proclive a las confidencias. Son los mismos personajes de Evaristo Valle. Y todo ello construido con colores armoniosos y vivos: el verde y el amarillo del campo, el azul plomo y el grisáceo de la montaña, que tienen su continuidad en el cielo plomizo al que aporta un toque de luz el amarillo propio de un sol que no se deja ver.

La mirada se nos va irremediablemente hacia el primer escenario del campo y los hombres, pero el artista dota de profundidad a la escena gracias a la construcción de planos perfectamente delimitados con el contraste de los colores –que, sin embargo, como ya hemos mencionado, se complementan– y a la introducción de una pequeña construcción, apenas visible, en la que reconocemos la torre de una iglesia.

Esta pieza fue adquirida por la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Oviedo por valor de 200 pesetas en 1949.

Texto y catalogación: Ana Quijada Espina

Referencias bibliográficas
  • BARÓN THAIDIGSMANN, J. y CRABIFFOSSE CUESTA, F. (2005) Paulino Vicente "El Mozo" (1924-1956) Una entrega a la pintura. Oviedo: Gobierno del Principado de Asturias.
  • VILLA PASTUR, J. (1972) Pintores asturianos. Tomo IV. Oviedo: Banco Herrero.
Fuentes documentales
  • Archivo Histórico de la Universidad de Oviedo. Legajo A
  • Archivo Histórico de la Universidad de Oviedo. Legajo Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Oviedo.
Ubicación en el planoUbicación de la obra en las instalaciones de la Universidad

 

  • Universidad de Oviedo
  • Campus de Excelencia Internacional