Carolina del Castillo Dibujo

Núm. de inventario
196115
Cronología
c. 1885
Técnica
lápiz
Soporte
papel
Medidas
28x23 cm

Carolina del Castillo es una de las pocas mujeres pintoras de que tenemos noticia en la Asturias de finales del siglo XIX y principios del XX.

Nació en Gijón en 1867, y, al decir de sus estudiosos, heredó de su padre el interés por la cultura y la inquietud intelectual. Su afición artística se despertó pronto, y discurrió de modo autodidacta hasta que su marido insistió en que retomase sus creaciones, relegadas durante un largo período en el que mantuvo una relación tan solo intermitente con la pintura.

Su vida personal transcurrió de forma apacible tanto en su niñez como en su juventud, pero se vio más tarde malherida por la pérdida temprana de dos de sus seis hijos: primero Felipe, con cuatro años, y poco más tarde la única hija, Margarita.

Coincidiendo con el fallecimiento del primero, en 1906, Carolina del Castillo asistió a clases con Nicolau Huguet y se mantuvo activa, participando en las Exposiciones Nacionales de 1908, 1910 y 1912.

Durante esta época realiza ocasionales viajes a Madrid, donde conocerá a su futuro maestro Cecilio Pla. Es el momento de acercarse a los grandes artistas del Prado, donde admira y copia a Velázquez.

Sus primeras piezas aparecieron firmadas como Krol-Ina y Krolina, y le gustó cultivar el retrato, el paisaje y el desnudo, este último en un arranque de valentía que sorprenderá a la sociedad del momento. Pero fue el retrato el campo en el que se le reconocieron los mayores logros, al componer lienzos en los que los personajes se acercaban al contemplador. En ellos Carolina del Castillo reflejó su entorno emocional con admirable habilidad.

En 1914 la familia se desplaza a vivir a Madrid y se abre una nueva etapa en la vida y en la creación de la artista gijonesa. Cecilio Pla le muestra un mundo de fuerte cromatismo y de creaciones impresionistas que abren una brecha con todo lo que había aprendido con anterioridad y le permiten asomarse a un universo creativo nuevo en el que se encuentra a sí misma como artista. Pero, además, Madrid le abre las puertas de un ambiente intelectual muy distinto de la tranquilidad pasmosa de Gijón. Son años de intensa producción artística.

En 1927 la familia regresa a Asturias y pocos años después, en 1933, Carolina del Castillo fallece en la misma ciudad que la había visto nacer.

En esta pequeña pieza, la autora muestra un momento amable teñido de cierto romanticismo. Una figura femenina, vestida con atuendo clásico, se recuesta pensativa en un ambiente bucólico y ficticio, un escenario compuesto por telas y guirnaldas de flores que enmarcan el cuerpo de la joven. Se trata de un dibujo de ensayo, rápido y diferente de los que vendrán más adelante, en los que la artista plasmará la realidad con genial maestría.

El dibujo formó parte esencial de la actividad artística de Carolina del Castillo, y puede decirse que era su manera de tomar apuntes del entorno en el que vivía. Según Víctor Alperi, estos dibujos "tienen toda la belleza y la intimidad de los mejores paisajes de la pintora".

Al igual que el lienzo Desnudo (196116), este dibujo fue adquirido durante el rectorado de Juan Sebastián López Arranz en la Galería Bellas Artes de Gijón.

Texto y catalogación: Ana Quijada Espina

Referencias bibliográficas
  • ALPERI, V. (1978) Pintores asturianos. Oviedo: Banco Herrero.
  • ROLLÁN ORTIZ, J. (1977) Monografías de pintores asturianos. Carolina del Castillo. Gijón: Museo de Jovellanos.
Ubicación en el planoUbicación de la obra en las instalaciones de la Universidad

 

  • Universidad de Oviedo
  • Campus de Excelencia Internacional