Paulino Vicente "El Mozo" El gallinero de las monjas

Núm. de inventario
196091
Cronología
c. 1954
Técnica
óleo
Soporte
tabla
Medidas
38x46 cm

Paulino Vicente Rodríguez Serrano, conocido como El Mozo, nació en Oviedo el 20 de septiembre de 1924. Hijo primogénito del también pintor Paulino Vicente, en él la impronta de su padre fue decisiva y sus obras fluyeron al principio como continuación de las paternas, asimilando unas técnicas pictóricas que constituyeron el andamiaje sólido sobre el que se expandió su propio mundo creativo.

Sus primeros contactos con el mundo de la creación artística se produjeron, pues, ya en su niñez. Más adelante, inició sus estudios oficiales de pintura en la Escuela de Artes y Oficios, en la que su padre era profesor, pero su formación culminará en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. En la capital, el Museo del Prado abre sus lienzos a la retina hambrienta de Paulino Vicente, que queda prendada de la obra de José Ribera al tiempo que la calle le ofrece su ajetreo y sus tertulias. En Madrid, adonde se había trasladado su padre para realizar estudios artísticos, había vivido ya sus primeros años, hasta que, en 1928, la familia regresa a Asturias.

Con la ruptura del cerco de Oviedo y la evacuación de la población civil se trasladaron a Cangas del Narcea, población en la que su padre desarrolló una intensa tarea relacionada con la producción artesanal y la revalorización de los oficios y creaciones populares que tanto desarrollo adquirieron entonces, facilitando al hijo el conocimiento de este mundo, del que habría de servirse más adelante para sus propias creaciones.

Con quince años le diagnosticaron tuberculosis y se inició para él una etapa de rebeldía provocada por este y otros motivos familiares y personales. Intentó alistarse en el Tercio, pero la mediación de su padre lo impidió. Ingresó en la Escuela de Artes y Oficios, aunque parece que asistió poco a las aulas, por lo que El Mozo continuó su aprendizaje en su familia y en la vida misma.

La vinculación artística de Paulino Vicente padre con la Universidad de Oviedo, a la que asesoraba sobre temas artísticos y decorativos, hizo que su hijo se animara a presentarse al concurso de carteles convocado por la institución para los Cursos de Verano de 1941 con una composición titulada Ciencia y trabajo. Pero su camino giró hacia Madrid cuando fue pensionado por la Diputación Provincial y pudo iniciar sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, aunque debido a su enfermedad no pudo cursarlos con normalidad.

Su tranquila vida cotidiana se vio truncada a partir de la operación que sufrió en 1944. Pasó largas temporadas en La Pola de Gordón como receta natural contra su tuberculosis. En este pueblo leonés de montaña, Rafael Quirós Isla había creado un preventorio antituberculoso infantil en el que curar a los niños procedentes de Asturias en los que se cebaba la enfermedad.

En junio de 1949 celebró su primera exposición individual precisamente en la Universidad de Oviedo, institución para la que había realizado ya un retrato de Clarín que ilustró la cubierta del libro sobre este escritor publicado en 1946. Esta muestra tuvo excelentes críticas en los medios escritos, en las que se resaltaban, entre otros aspectos, el uso de una técnica arriesgada en el tratamiento del dibujo, su cromatismo equilibrado, el estudio psicológico y, en general, la revelación de su talento pictórico.

En 1953 presentó en otra exposición los nuevos horizontes que su pintura había alcanzado a través del óleo, técnica hasta entonces prohibida para él a causa de su enfermedad. Esta muestra reafirmó la figura de Paulino Vicente El Mozo, de quien Jesús Villa Pastur elogió la "sencillez y humanidad" y Fernández Buelta su "buena estirpe artística".

Un año más tarde participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes, en la que presentó el Retrato de Pío Baroja, demostrando sus aptitudes para este género.

Con el agravamiento de su enfermedad regresó definitivamente a Asturias, donde retomó los trabajos murales y de vidrieras en estrecha colaboración con el arquitecto Juan Vallaure, estableciendo una conexión con los vitrales que en 1952 había realizado para la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y que abrieron un nuevo camino en la producción artística de este joven creador.
Falleció el 7 de mayo de 1956 en Oviedo.

Esta obra, conocida como El gallinero de las monjas o El patio de las monjas, fue adquirida para la institución académica por la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Oviedo en enero de 1954 por valor de 3.500 pesetas.

En ella Paulino Vicente hace referencia a la etapa de su vida en la que se vio recluido en el preventorio del La Pola de Gordón; sin embargo, lejos de advertir en ella amargura o falta de templanza, el autor nos invita a entrar en una apacible escena cotidiana en un gallinero, en un patio que representa un entorno familiar para él. No fabula, solo muestra, crea a través de una atmósfera tranquila y costumbrista, relajada y exenta de excepcionalidad. Esto es lo que debía de pasar cada día: una monja atendía a las gallinas, una Hermana de la Caridad salía al patio para realizar sus tareas diarias. Nos muestra el pintor un trazo temporal de un día, para lo que recrea un ambiente en el que el protagonismo no elige personaje alguno y los elementos conviven: la arquitectura, en toda su potencia, formando un fondo blanco alternado con tonos ocres y marrones, y los animales diseminados por la superficie del suelo, que mantiene la gama cromática, aunque introduce las sombras en un azul y con unos trazos que alteran la composición y definen el momento exacto en el que tiene lugar la escena, cuando los objetos proyectan sus formas alargadas por efecto del sol. Y, por último, el elemento humano, la monja que ni tan siquiera nos muestra su cara, ajena a nosotros, a la mirada atenta y creativa del pintor, concentrada en el quehacer que realiza, y a la que reconocemos por su tocado, que le resta anonimato. Los volúmenes se construyen con los colores, y, con el trazo certero de su dibujo que tanta importancia tuvo en su obra, Paulino Vicente nos deja ver nítidamente los contornos definitorios y concluyentes. Mientras tanto, la luz, diseminada por toda la composición pero acumulada en los blancos, crea puntos de referencia espacial subrayados con la rotundidad de unas sombras alargadas que trazan planos y ayudan a dar profundidad al espacio dirigiéndonos hacia el fondo, centro lineal de la composición, donde hallamos representada la puerta tras la que continuaba la vida en la Colonia Escolar de La Pola de Gordón.

Jesús Villa Pastur dijo de El gallinero de las monjas que era "sobrio en su humildad temática, estupendamente valorado en grises, y envuelto en los mejores ecos regoyanos".

Texto y catalogación: Ana Quijada Espina

Referencias bibliográficas
  • BARÓN THAIDIGSMANN, J. y CRABIFFOSSE CUESTA, F. (2005) Paulino Vicente "El Mozo" (1924-1956) Una entrega a la pintura. Oviedo: Gobierno del Principado de Asturias.
  • VILLA PASTUR, J. (1972) Pintores asturianos. Tomo IV. Oviedo: Banco Herrero.
Fuentes documentales
  • Archivo Histórico de la Universidad de Oviedo. Legajo A.
  • Archivo Histórico de la Universidad de Oviedo. Legajo Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Oviedo.
Ubicación en el planoUbicación de la obra en las instalaciones de la Universidad

 

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