Alejandro Mieres Incredulidad de Santo Tomás

Núm. de inventario
196009
Cronología
1951
Técnica
óleo
Soporte
tabla
Medidas
100x85 cm

Incredulidad de Santo Tomás forma parte de un conjunto de diez pinturas donadas por el artista a la Universidad de Oviedo. Se corresponden con los años 1951-1953, cuando finalizaba sus estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en Madrid y realizaba su primera exposición pública en Macarrón. Por entonces, su vida y obra iban a tomar otro rumbo tras el hito que supusieron para él su asistencia al Curso de Arte Abstracto en la Universidad de Verano de Santander y su dedicación a la docencia del Dibujo artístico en institutos de Burgo de Osma, Elche y, desde 1960, Gijón. Ese año se establece en Asturias de manera definitiva.

La colección está formada por diez óleos sobre tabla, técnica de raigambre medieval destinada en principio a mejor permanencia que el lienzo. A ellos se sumó un retrato de Rosa, única obra del conjunto que se reservó el autor para su colección personal. Desde el punto de vista formal, las obras entroncan con un expresionismo esquemático neofigurativo con algunos contactos con la dicción del francés Rouault en los rebordes de las figuras, resaltados con trazos fuertes y de cromatismo vivaz, por lo que recuerda la figura y el retrato fauvistas. Evoca también los contornos de las figuras pintadas en la antigua cerámica griega. Su construcción contenida, enérgica, y el estatismo que les confiere, junto con el tema dramático y las libertades de expresión, permiten relacionar esta etapa de su obra con diversas corrientes de las vanguardias históricas: la composición de Mondrian y algunas soluciones figurativas del Picasso de los años 30-50 con ecos de su tratamiento de tonos fríos en la época azul. Hay que hacer notar que por entonces descubre la obra de José Solana, que se daba a conocer en Madrid. Su viaje de estudios a París en 1951 le permitió ver una exposición de Giacometti, contactar con galeristas y realizar en 1952 su primera exposición individual en la madrileña Sala Macarrón. Ésta facilitó a los artistas entonces emergentes como A. Mieres una presencia más que digna, que contrastaba con la dominante pintura adocenada de la posguerra, ya que los valores creativos o habían marchado al exilio o andaban sumergidos en una especie de autoexilio.

En la exposición estuvieron presentes estas y otras obras de cuño expresionista. A raíz de ella contactó con pintores de la "Escuela de Madrid" como Álvaro Delgado, Francisco San José o Luis Sáez. En la misma galería que Mieres y en otro espacio, exponía su novia y futura esposa Rosa María Velilla, de la que realiza un excelente retrato en la misma clave expresionista, vívido y emotivo a la vez.

Lucía Alperi incluye este conjunto en la segunda etapa de su producción, la que va desde la formación académica y primeras exposiciones hasta su docencia en los Institutos laborales, antes de establecerse en Asturias. De este conjunto que califica de incalculable valor, señala que son escasos los ejemplos conservados, ya que lamentablemente muchas piezas se quemaron en el incendio de su casa en Burgo de Osma en 1958. Testimonian la importancia de una búsqueda personal y renovadora, dentro de los nuevos referentes de las vanguardias, muy relegadas en España por aquellos años. Mieres presenta la originalidad de abrirse a caminos diferentes a los que siguió la entonces nutrida "Escuela de Madrid", dedicada al retrato, al bodegón y sobre todo, al castellano y noventayochista paisaje, al que curiosamente, tras una vuelta de tuerca estilística importante, habría de acudir Alejandro Mieres en la formulación de su estilo futuro y definidor de abstracción y monocromías de materias modeladas por la luz.

Las obras fueron donadas a raíz de su exposición monográfica "Alejandro Mieres. Materia y luz", llevada a cabo en 1993 en Gijón, en el Centro Internacional de Arte Palacio de Revillagigedo de la Caja de Asturias. Algunas de ellas se exhibieron al público por primera vez en esta muestra, de la que fue comisaria la profesora Julia Barroso Villar. El autor agradecía así la labor de selección de un legado que tenía apartado sin plena conciencia de su originalidad y valor.

Esta composición, Incredulidad de Santo Tomás, se distingue por la fuerte verticalidad de las cinco figuras humanas, alargamientos y tenso colorido junto con el dibujo marcado irregular. Cuatro personajes de pie se enfrentan a una figura también posante pero ubicada en un plano inferior que alude al santo, por su expresión pensativa y dubitativa, al llevarse la mano a la frente. La que preside el centro de la obra es un Cristo que muestra su torso ocre al levantar el manto oscuro. Sus poderosas y distorsionadas manos, con huellas de sangre y heridas, realzan el mensaje cristiano de la Resurrección que narra el Evangelio de San Juan (20, 19-29), la aparición de Cristo a los apóstoles y la consiguiente escena de la incredulidad de Tomás: "Luego dijo a Tomás: –Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: –¡Señor mío, y Dios mío!".

La plasticidad de los planos –en los que el autor recurre a zonas triangulares, pies angulosos y manos expresionistas–, el aire de ausencia poco definido de los rostros, así como el fuerte colorido, hacen que la obra conecte más con la prioridad del resultado frente al tema que caracterizó a la vanguardia en su conjunto, con sus contaminaciones en el caso español. Mieres aporta con esta obra un sentimiento frío hacia el contenido pese a la emotividad de las manos, que significa una renovación del agudo pesimismo de José Solana, el autor español evocador por excelencia, en clave vanguardista, de temas religiosos, en su caso de tono popular. Lo que da carácter a la iconografía es la solemnidad y la ausencia con un toque emotivo.

Texto y catalogación: Julia Barroso Villar. Catedrática de Historia del Arte. Prof.ª Honoraria de la Universidad de Oviedo.

Referencias bibliográficas
  • ALPERI ÁLVAREZ, L. (2011) La obra artística de Alejandro Mieres, Memoria de Investigación de Doctorado, inédita, leída en septiembre de 2011, dirigida por la Prof.ª Dra. Natalia Tielve García, Universidad de Oviedo.
  • BARROSO VILLAR, J. (1985) "La pintura de Alejandro Mieres", en Liño. Revista Anual de Historia del Arte, nº 5. Oviedo: Universidad de Oviedo.
  • BARROSO VILLAR, J. (1993) Alejandro Mieres: materia y luz [Libro-catálogo], Palacio de Revillagigedo. Oviedo: Caja de Asturias.
  • BARROSO VILLAR, J. (1994) "Religiosidad y vanguardia españolas ¿una asignatura pendiente?". En Los clasicismos en el arte español. Madrid: C.E.H.A.
  • BARROSO VILLAR, J.; L. FEÁS COSTILLA (2002) "Alejandro Mieres", en Artistas asturianos. Pintores (IV). Oviedo: Hércules Astur de Ediciones.
  • BARROSO VILLAR, J.; N. TIELVE (2005), Arte actual en Asturias, un patrimonio en curso. Gijón: Trea.
  • QUIJADA ESPINA, A.; R. RODRÍGUEZ ÁLVAREZ; S. VÁZQUEZ-CANÓNICO COSTALES (2004) Bienes culturales de la Universidad de Oviedo. Oviedo: Universidad de Oviedo.
  • VILLA PASTUR, J. (1981), Alejandro Mieres. Ensayo crítico-biográfico. Oviedo: Caja de Ahorros de Asturias.
Ubicación en el planoUbicación de la obra en las instalaciones de la Universidad

 

 

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